By Puerta de Atocha Station I lay down and slept

Hablando sobre escritores, escribidores, escribientes y demás fauna.

Todo el que escribe para ser leído debe tener ese punto megalomaníaco de creer que lo que está diciendo merece el tiempo (vital, limitado) del que escucha.

Será verdad o no. Pero es obligatorio.

Si uno escribe haciendo extrapolación de su vida, debe estar convencido de que
a) Su vida es genial
b) Su vida es horrenda
c) Su vida es inusual
d) Ninguna de las anteriores, pero es capaz de destilarla de tal manera que los matices que de diario pasan inadvertidos, el eje subyacente de la experiencia o la estratosfera que la engloba vibren a una determinada frecuencia y golpeen el tímpano ajeno con fuerza inesperada, aunque reminiscente.

Será verdad o no. Pero es imprescindible.

Da la impresión de que esto es de cajón, que viene ya de fábrica, y no es cierto. Cada 12 segundos alguien se plantea si merece la pena seguir meciendo la pluma, y cada 24 segundos la respuesta es “no”. Por incrédulos.

Que nadie me entienda (mal). No es una excusa para seguir viniendo aquí periódicamente a vaciar mi cabeza sin responsabilidad civil asociada. No es una excusa para no canalizar todo este burbujeo de volcán oceánico en algo con cuerpo definido, algo digerible, algo potable al menos…

No quiero ser una escritora submarina, nunca más. Ya sabéis cuánto le gustan al papel en blanco las escritoras submarinas.
Y las que estallan en llamas.
Y las que roban los astros.
Y las que cantan a media voz.
Y las que cortan las flores.
Y las que hibernan en frebrero.
Y las que envenenan el vino.
Y las que trabajan de 8 a 3.
Y las que no respiran.


Ya sabéis cuánto acojonan al papel en blanco las que templan el acero con su propia combustión endotérmica.

PD. Post nº 100

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