Charlie Hebdo: la opinión sesgada que nadie me ha pedido

No sobre la matanza en sí, sobre esta ni sobre ninguna otra. No hay nada que opinar. Irrumpir armado en una redacción (o en una escuela. O en un hospital. O en una iglesia/mezquita/sinagoga/templo busdista/starbucks o cualquier otro centro religioso y cultural, esté donde esté) no tiene excusa… para nadie. Bajo ningún pretexto.

Creo que lo sabemos, y que sólo se nos olvida cuando no nos pilla de cerca. Memoria = 1/distancia.

Tal vez eso sea importante.

Los defensores más puristas de la libertad de expresión y prensa no tienen por qué tenerlo en cuenta ni hacer diferencias. Es una forma de verlo, como una línea que va de la acción al efecto: publicación satírica ofensiva => acto barbárico. Punto. Nos da igual que sean mal llamados yihadistas, que ultracatólicos, que Filatelistas Unidos por un Nuevo Orden Mundial – todos han sido ofendidos por igual, en cualquier colectivo puede saltar una chispa. Venga de donde venga, es una afrenta a uno de los bastiones (muy teóricos) de la sociedad occidental en general y la francesa en particular (por una cuestión tradicional de llenarse la boca de fraternité para desayunar) y como tal, debe de ser condenado sin titubear.

Podríamos dejarlo aquí e irnos a dormir más o menos intranquilos.

O podríamos darle una vuelta de tuerca más.

Yo ni siquiera pienso que lo primordial aquí sea la intolerancia religiosa. Habrá personas muy ofendidas con las publicaciones de la revista (desde el Islam, desde el Catolicismo, desde el Judaísmo…), habrá denuncias, habrá cartas a la dirección más o menos discrepantes, lo cual es sano y necesario. El humor y la sátira no exime de la responsabilidad; un periodista debería plantearse continuamente qué escribe, por qué y para qué, así como el impacto que puede tener en sus lectores y en la sociedad. No hablo de auto (ni hetero) censura, hablo de ser éticamente profesional, y el análisis fino de si Hebdo en concreto lo ha podido ser o no, está fuera de mi alcance.

Acribillar a punta de Kalashnikov, en cambio, no sólo no es un medio legítimo para protestar por una línea editorial, sino que viene de gente ESPECIALMENTE cabreada. Podemos pensar que simplemente se trata de un repunte de fanáticos cabreados por un hecho puntual, puede que sea cierto, y en ese sentido (como persona que escribe, expresa e informa, en su escala) entiendo y comparto la indignación. Pero también puede que estemos obviando demasiado, y pasando por alto demasiados puntos clave del contexto en el que estalla.

Charlie Hebdo es el cabeza de turco, una “buena excusa” que da la cara públicamente. Porque todos los días se irrumpe a mano armada en colegios, hospitales y centros de culto con su beneplácito, con el nuestro. Tal vez no seamos el centro neurálgico y planificador de las masacres, tal vez ni seamos muy conscientes de ello, pero a alguien ESPECIALMENTE cabreado puede no importarle ese detalle. Nos aterra y nos resulta incomprensible que en cualquier momento alguien nos quiera matar a nosotros, inocentes, inocentes periodistas, inocentes sanitarios, inocentes civiles, inocentes todos, que nunca le hemos puesto la mano encima a nadie. No aquí, en un país libre y democrático. En Palestina es otra cosa. En Siria es otra cosa. Allí los civiles, los periodistas, los sanitarios, los niños, los inocentes mueren porque así es como está hecho el mundo, y no es nuestra culpa.

Si alguien me pregunta, yo no soy Charlie… pero podría haberlo sido. Como tampoco soy y podría ser cualquiera de una lista de nombres que se engrosa cada día mientras estamos hablando de esto. Aunque nunca haya dibujado a nada ni a nadie, aunque nunca haya estado en primera línea de fuego. Tal vez estemos hablando de otra cosa.

Este miedo y esta impotencia, por favor. Que no se nos olvide aunque venga de lejos.

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