Crónica – Camino de Santiago

Voy camino de Santiago.

Al fondo del pasillo,

a mano izquierda.

 

Los ángeles y los santos

respiran

y me saludan de vuelta.

 

Voy camino de Santiago

y alguien abre la puerta:

un murmullo quedo

y, desde las ventanas tuertas,

las polillas revoloteando

en demasiada

(poca)

tela.

 

Entro en Santiago

de paisano blanco.

Los ojos me perforan, perforan y no llegan:

la rayuela en un mandala

pintado en acuarelas.

 

Nunca me tembló la voz.

Nunca me temblaron las piernas.

 

Hoy me tiembla la máscara

y la náusea, la náusea me tiembla,

con rabia y penitencia

en la loza ajena.

 

Miro hacia abajo y

lo sé

lo sé

lo sé:

voy camino de Santiago.

 

Santiago siempre me espera.

 

 

 

Dedicado a A.D. Rien, por saber, como los ojos que se parecen a él.

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