(Diálogos II)

Infinitas gracias a Artie P. Owl, por continuar con la investigación remitiéndome esta carta y el material adjunto de sus archivos personales:

“Afortunada Alexandra,

Si el tuyo fuera el rostro de la enfermedad, dos tercios del resto de los Condenados ya estarían besando el vacío. (No como tú lo besarías, con tu impía curiosidad por la placidez de tu estéril honónimo. Digo que besarían el vacío abrazando el nihilismo que crees que empieza a invadirte. Probablemente te estoy confundiendo. Será mejor que vuelva a empezar.)

Afortunada Alexandra,

Si el tuyo fuera el rostro de la enfermedad, dos tercios del resto de los Condenados ya estarían besando la anomia. Si eres precisamente la única que reconoce y difiere de ese patetismo imperante, ¿de verdad crees que te tienes que preocupar por tu deterioro?
En ocasiones me has permitido verte. No quiero decir con los ojos; quiero decir ver al puro tú, aquel detrás de tu necesaria fachada. De ningún modo me jactaré de ser un Alexandrólogo, pero sé lo que he visto. Y sé que esa parte de ti aún se mantenía vivaz, curiosa; tenía тяга к приключениям, sed de descubrimientos. Te la vi la noche junto al Rin, en Bonn. ¡Si te hubieses visto! Tu mirada brillaba como la de un mortal.
Entiendo que te sientas aletargada, pero me apostaría el bazo a que es sólo falta de práctica. Tienes herramientas suficientes para escapar de la languidez, sólo tienes que conseguir una aventura con la que mantenerte en movimiento. Quedarte quieta es envejecer.
No te resignes tan pronto.
Minsk es lo bastante grande como para que el alumbrado eclipse muchas de las luces del cielo. Pero distingo las suficientes como para verificar que lo que yo recuerdo que eran las estrellas aparentemente coincide con lo que son ahora las estrellas. Ergo, o bien sí recuerdo lo que son, o bien las recuerdo mal pero las han modificado desde entonces  opción que descartaré porque de ser así lo habría leído en los periódicos.
Si lo que me preguntabas, como ahora intuyo, es si recuerdo lo que eran para mí, lamento comunicarte que no tengo la menor intención de contestarte a eso si no es frente a frente, bajo el mismo cielo y durante una velada que valga la pena.
Nunca había estado aquí antes. Es una ciudad casi hermosa, aunque algo exagerada. Los nuevos edificios de la reconstrucción soviética son enormes, como si necesitasen disponer espacio para mucha más gente de la que luego alojarán. Los mortales son dóciles y no he tenido un solo incidente durante la caza.
Aún me faltan unos tres meses aquí. Procuraré divertirme mientras tanto. Los cainitas locales han sido moderadamente hospitalarios, pero me escaman sus tratos con los numerosos Ravnos, no me preguntes por qué.
Paso las mejores noches en compañía de una deliciosa adolescente mortal de carnes prietas y vitae lozana. Ojalá pudiese compartirla contigo. Y por favor, no necesito que me recuerdes que repetir más de una vez es una práctica insegura. Soy muy consciente de ello, tanto que el otro día me pareció que me lo recriminaba mi transistor de radio. Pero es que me da igual. Me gusta ella.
Lo que más echo en falta es la presencia de mi propia sangre. No tienes ni idea de lo frustrante que resulta tener que fingir constantemente que no estás viendo lo que estás viendo porque nadie más sabe verlo. Es como un Traje Nuevo del Emperador al revés. Son cosas de las que tengo que hablar con otros niños.
Por ejemplo, a ti ni te he mencionado aún La Diana. Para qué. Me llamarías loco otra vez. Eso ya me lo has gritado bastante. Y no le veo ningún interés a discutir contigo por carta si no nos será posible golpearnos al final, que era lo que más me divertía.
Adjunto postal (calle Nyamiha):
minsk vampiro mascarada ivan morozov
y una flor, que me recordó a ti con tus cosas de quedarte embobada mirando cosas que son para quedarse embobada pero no tanto. Me va a costar horrores meterla en el sobre, espero que te llegue bien:
flor vampiro mascarada ivan morozov malkavian
Con cierto afecto,
Ivan Morozov, 13/05/1962″

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