Galeno’s Kindergarten

Prometí sentarme a hacer cuentas contigo, cuando fuera lo bastante mayor como para dejarme de excusas, pero no lo suficiente como para ponerme cínica con motivos.

Podemos hablar de mi nudo, del mismo nudo de siempre, clásicamente ubicado entre ESTAS entrañas huecas de aquí y ESA maraña de huesos acá. Puedo señalarlo a punta de dedo (no es mucho, pero por algo hay que empezar).

O quizás de cómo me has ARRASTRADO por el barro (polvo + agua) de esta maquinaria vibrante, (im)perfecta, propia y patética, ajena y perturbadora.

…¿Gracias? Sí, gracias. No recuerdo haber aprendido mucho más que eso.

Mentiría si dijera que he hecho lo que he podido. Mentiría si dijese que lo siento, o que no guardo ningún rencor por

el asco el insomnio la decepción la abulia el inmovilismo el pseudomovilismo la cafeína la inutilidad el vendemotismo el estar más mona callada las manchas-de-rotulador-en-las-manos-que-no-se-borrarán-nunca-porque-se-reproducen-por-esporas.

Pero, después de todo, es casi más culpa mía. Digamos un 60-40.

Para ser una visitante permanente, no ha ido tan mal. Pero ni voy a hacerte un bonito dibujo para el frigorífico, ni dedicarte unas palabras conmovedoras “porque es lo que toca”.

No. Voy a estrechar tu mano metafórica y levantarme para pagar esta ronda.

(Quién lo diría. Estoy en PAZ contigo).

¡Los comentarios son bienvenidos!