Homenaje al voyeur desconocido

Esta mañana tarde me he despertado de un sueño desconcertante (y muy recurrente) en el que aparecen casi por turno personas con las que he tenido contacto visual, o un intercambio de palabras, un café o media copa o tres paradas de metro; como mucho algún tipo de vecindad táctil fugaz e involuntaria. En algún momento de mi vida. Irremediablemente puntual.

(Algún día haré un recopilatorio y me encargaré personalmente de que ninguno de ellos lo lea. Será nuestra broma privada, ¿os parece? Un mariposario de fotos finish plegadas como pajaritas felices de que no me las vaya a llevar a la tumba).

Me hace pensar bidireccionalmente.

Bendita estadística. A los voyeurs conocidos que entran de cuando en cuando aquí ya los tengo localizados. Algunos serán el blanco de mi ira por no tener las narices de saludar, pero la mayoría son siempre bienvenidos, incluso en respetuoso silencio. Me gusta escribir, siempre lo he hecho gratis y para nadie. Ser leída es un plus agradable.

Pero ni aún así me salen las cuentas. Y me pregunto cómo narices llega un completo desconocido a aterrizar aquí, y, lo que es más inquietante, qué le lleva a regresar, agazapado en la sombra, a este lugar sin absolutamente nada que ofrecer, habiendo tantos rincones en el mundo exterior plagados de vídeos de gatos adorables, recetas de tartas y pornografía.

JD dijo un día que yo daba miedo, y yo dije “Bleh”.

Y el narrador dijo:

“Tiene más miedo ella de vosotros que vosotros de ella. Ella es un oso grizzly de 300 kilos. Y come salmón.

Salmón salmón salmón

Salmón crudo

Salmón”.

ojo negativo voyeur mirada

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