La reconfortante rutina de las cactáceas

Aún no lo has interiorizado. Ya sabes. Lo de

Despiértate. Apaga el despertador.Repite la secuencia dos veces más. Vístete con lo primero que encuentres. Mójate la cara. Mójate la boca, mójate el resto de la piel. Sal de prisa. Muévete. Lee. Teclea. Habla. Escucha. Teclea. No comas. Acaba comiendo, tarde y mal. Duerme. Despierta. Duerme. Lee. Escribe. Lee. Pierde el tiempo. Hiberna. No comas. No comas. Come. Vuelve a dormir.

… y por eso tienes que extraer cada acto con unos alicates.

Pero hay esperanza, es cuestión de tiempo. Todavía puedes convertirte en un cactus y renacer convertida en el estoicismo hecho bioestructura. Adaptación. Todas tus funciones pueden sublimarse y delegarse a la química.

Sólo necesitas miles de años bajo el sol, donde no hay nada nuevo, salvo distintas piedras. Arrancando el agua dolorosamente, seis gotas cada luna nueva, con suerte. Al apocalipsis sobrevivirán los cactus, y no se darán ninguna importancia por ello.

Todo para llegar hasta aquí. Hecha una amalgama eugenésica y pulposa, con espinas romas de color innecesario y desadaptativo pero muy en consonancia con las últimas tendencias de la decoración de interiores.

 

Te pondré un nombre. Pondré punto y final a este caos, para que no tengas que sufrir como yo la antítesis del feng shui. Te regaré cada 15-20 días con agua del grifo, el mínimo mantenimiento concebible para un ser de tu complejidad ontológica, acariciando la perfección.

 

Todo va bien si hay un cactus, incluso cuando no va.Cactus

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