Lepidoptera nosocomial

Se ha colado una mariposa en la sala de espera. Sin tarjeta de identificación, a ras de suelo, entre las piernas flexionadas sobre los asientos. Se ha chocado contra una ventana seis o siete veces. Ha subido para inmolarse contra los tubos fluorescentes.

Ven, polilla tonta, polillita sucia, parda, gris. Ven, monstruo insignificante. Tenemos tanto en común.

Light for nothing, wi-fi for free.

Ay, y detrás quién viene, ese señor en camisa que recorre la planta baja, el que dice que se ha despertado en urgencias y que le faltan noventa céntimos para el billete de tren para Coria. Ya van tres veces este mes. Debe darse golpes cada vez más fuertes, si aún no se ha quedado con mi cara.

No, no doy suelto, soy estudiante, ¿no lo ve? Doy la hora peninsular. Las buenas tardes y buenas noches en cuatro idiomas.

No hacía falta ser tan maleducado.

Alguien llora. Alguien duerme con la cabeza en un asiento y el cuerpo en otro. Alguien arrastra los pies en el pasillo. Alguien hace tintinear los vasos de la cafetería, al fondo.

Alguien escribe.

Se me revuelve el estómago. No tengo ganas de cenar. No quiero levantarme jamás de aquí.

Ven, Psique. ¿A quién le has arrancado el alma esta vez?

(Esto no va a ningún lado. Esto queda entre TÚ y YO).

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