Los órganos en suspensión

Hablemos del Gran Tabú.

De la primera vez que me partí el corazón (y hablo en primera persona porque nadie ha tenido un papel más que circunstancial en ello) recuerdo el percutir de la aguja con tinta directamente en el miocardio. Nunca un “me he tatuado un corazón” tuvo un sentido tan vivo y literal.

Y así como el tiempo pasa, los macrófagos fagocitan el cuerpo extraño, mueren y son re-fagocitados, la tinta palidece y se vuelve invisible al ojo desnudo. Y por arte de magia, un día los rincones blancos y los cipreses muertos son más dignos de ternura que de nostalgia.

Pero la percusión estuvo allí, y deja su marca de puntos extrasensoriales como los eslabones débiles de un abrefácil orgánico.

La buena noticia: sigue siendo un asunto unipersonal, al 93%. El verdugo sigue teniendo mi cara, el crimen sigue teniendo mi firma, y todos los demás son actores contratados para darle cierto sentido y justificación a esta charada sin carnet de manipuladora de alimentos.

Para que le contéis al forense de mi puño y letra: en mi intento de arreglarlo, tengo el corazón suspendido por dos agujas largas de punto, calibre 7, una en la cava (¡cuan larga es!) y otra deformando el cayado de la aorta. El mediastino tira del resto de mi cuerpo y camino arrastrando las puntas de los pies sobre el mármol tibio.

Knitting Heart Vinyl Decal - Love of Knitting A detailed ...

Y me está bien empleado, por robar hogares, robar cuerpos, robar almas y tener remordimientos mudos siempre después de tiempo.

¡Los comentarios son bienvenidos!