Parada en el limbo (la vuelta a casa)

La LOGSE se publica en el Boletín Oficial del Estado el 4 de Octubre de 1990. Yo tenía X meses, Y días y puede que Z horas.

¿Es importante? No, para nada.

Por una cuestión de organización académica, en mi cabeza, desde cría, la vida siempre ha estado dividida en ciclos estacionarios de seis años, año arriba o abajo. Compartimentos separados por barreras semi-impermeables, a saber:

– El primero, el que no recuerdo.
– El segundo, el que recuerdo.
– El tercero, en el que estaba él.
– El cuarto, en el que están los demás.

Resumiendo mucho y mal.

Siempre he sabido dónde y cuándo acaba uno y empieza otro, no tanto por la obviedad de tiempo y espacio, sino por la angustia con prisa por cerrar lo abierto y terminar lo inacabado. Sé que no siempre se puede. No sé si se debe, alguna vez.

La buena noticia es que a fuerza de estirar el límite
de traspasar personas y cosas de un lado a otro
de saltarme fases de mala manera
de aprender y desaprender
de pensar más y hablar menos
de comer con los ojos
con los oídos
con los labios
con las lenguas
de sentarme en otros suelos
de dormir bajo otros techos
de despertarme en otras camas

… al final, esta pausa obligada casi han dejado de ser dramática.

Empieza aquí, porque aquí empiezan y mueren todos, y ya no recuerdo la última vez que se me apareció en sueños. Hoy he estado de vuelta en el mismo callejón, a la izquierda de la iglesia, sobre el mismo pozo ciego, y todo ha estado bien. Las campanillas no eran más ni menos lilas. La piedra no se ha abierto bajo mis pies. Nadie me ha atravesado la nuca con las pupilas huecas.

Había palomas en el campanario, polvo en las ventanas, musgo en las paredes. Todo ha estado… en su sitio.

Y sólo ha tardado un cuarto de siglo.

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