Patafísica de las nebulosas

Hago un esfuerzo hercúleo por no sentirme culpable tras meses de no escribir. NECESITABA este tiempo.

Hablando telemáticamente de esto y de aquello con otros seres de difícil acercamiento, de vez en cuando nos surge una perplejidad incómoda sobre la existencia intermitente que brinda la Palabra.

Ahora escribo. Subo a la superficie para respirar tras días de apnea. Pronto dejaré de hacerlo y mi sombra se fundirá con la oscuridad abisal.

¿He muerto este tiempo? Para quien sólo sepa de mí por estas palabras… sí. Como los minutos, tal vez horas (nunca milenios) de luz apacible que nos llegan tras las supernovas. ¿Cuánto de mí habrá muerto de aquí a la cena?

La culpa es mía, lo sé. Podría vaciar de pseudo misticismo este lugar, sacar a base de bulldozer las constelaciones inventadas. Abrirme en canal. Exponer las entrañas. Dejar de pasar con cuidado y de puntillas por las vidas de los demás.

Y sin embargo, creo que mataría por seguir llenando espacios con éter sin que nadie apenas se dé cuenta. La inexistencia relativa es un precio a pagar, una solución inútil para un problema imaginario.

Hoy por hoy, no me siento capaz de ser otra cosa que vacío cuajado de estrellas.

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