Qué pasa con Dylan (o “Cómo ganar un Nobel sin montar un drama”)

Barullo, nostalgia pocha, manos a la cabeza, coñas-codazo-codazo, comparaciones graciosas, comparaciones odiosas y profecías sobre una nueva y renovada era de Acuario por la cara. Esto es lo que amanece un día más en el universo paralelo donde Bob Dylan gana un Nobel de literatura.

Es insufrible.

Podríamos hablar largo y tendido sobre la importancia práctica de los Nobel en este siglo, los grandes olvidados (vamos, los de cada año, hay quien se sigue rasgando las vestiduras por aprovechar las rebajas del Corte Inglés), desgranar algunas características demográficas de los galardonados (que hay para rato) y charlar sobre el sexo psicológico de los ángeles.

Aquí viene la pulla: yo he sido casi más lectora de compositores que de poetas “al uso”. De un género menor, literatura “de segunda” porque está engarzada a un eje de melodía y que por tanto jamás va a estar a la altura de la poesía en tapa dura que se recita con voz parsimoniosa. Algo que está de “extra”, de relleno, para que la voz humana haga menos árida y más fácilmente reconocibles los jits de la música popular.

Total, quién se para a mirar la letra.

Sin demérito para nadie, algunas de las líneas más jodidamente brillantes que he podido LEER están sacadas de un lecho de notas para brillar por sí solas en silencio, sin ritmo, monocordes. El mundo está lleno de buenos letristas y sus momentos de gloria, pero sólo unos cuantos (él, Cohen, Patti Smith, Moz, Björk, Yorke y una selección muy subjetiva de infelices más) han conseguido dejarme completamente desarmada. Y puede gustarte Dylan más o menos, pero no hay que bucear mucho en él para darte cuenta de juega en otra liga. Fuera de “dianser ma frenis blouin inde güin” que de tan conocido resulta amigable, a mí me aterroriza como la sombra de un coloso de retórica.

Hay quien pone como excusa la proyección de Dylan, su influencia en los movimientos sociales y culturales desde mediados del siglo XX y la capacidad de cambiar el mundo (más bien, cambiar a otros para que ellos cambien el mundo) a un nivel que muy pocos autores “serios” han podido alcanzar.

Pero es que no hacen falta excusas. Se está reconociendo el mérito a alguien que hace música Y buena literatura.Y eso a los freaks letrófilos nos llena de regocijo nuestro pequeño corazoncito.


(Un favorito muy personal):

Changing of the guards

Sixteen years
Sixteen banners united over the field
Where the good shepherd grieves
Desperate men, desperate women divided
Spreading their wings ‘neath the falling leaves

Fortune calls
I stepped forth from the shadows to the marketplace
Merchants and thieves, hungry for power, my last deal gone down
She’s smelling sweet like the meadows where she was born
On midsummer’s eve, near the tower

The cold-blooded moon
The captain waits above the celebration
Sending his thoughts to a beloved maid
Whose ebony face is beyond communication
The captain is down but still believing that his love will be repaid

They shaved her head
She was torn between Jupiter and Apollo
A messenger arrived with a black nightingale
I seen her on the stairs and I couldn’t help but follow
Follow her down past the fountain where they lifted her veil

I stumbled to my feet
I rode past destruction in the ditches
With the stitches still mending ‘neath a heart-shaped tattoo
Renegade priests and treacherous young witches
Were handing out the flowers that I’d given to you

The palace of mirrors
Where dog soldiers are reflected
The endless road and the wailing of chimes
The empty rooms where her memory is protected
Where the angels’ voices whisper to the souls of previous times

She wakes him up
Forty-eight hours later, the sun is breaking
Near broken chains, mountain laurel and rolling rocks
She’s begging to know what measures he now will be taking
He’s pulling her down and she’s clutching on to his long golden locks

Gentlemen, he said
I don’t need your organization, I’ve shined your shoes
I’ve moved your mountains and marked your cards
But Eden is burning, either getting ready for elimination
Or else your hearts must have the courage for the changing of the guards

Peace will come
With tranquility and splendor on the wheels of fire
But will bring us no reward when her false idols fall
And cruel death surrenders with its pale ghost retreating
Between the King and the Queen of Swords

Bob Dylan

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