¿Qué vas a contar?

Siempre que me siento a escribir, la misma pregunta. Esta espada de Damocles colgando de un espagueti cocido.

¿QUÉ vas a contar? 

Porque algo tendrás para contar, ¿no? Todo el mundo tiene una historia en la cabeza, y la mayoría van a morir sin haber dejado constancia de ella. Igual tampoco tendrán hijos ni plantarán árboles ni otras metas vitales de memez profunda… pero construirán la historia, no podrán escapar nunca de ella y de una forma u otra matarán por contarla.

Tú la tienes, ¿verdad? Lo raro es no tenerla.

Lo raro es ser un cliché nihilista de novela amateur, postureo aparte: serlo con sinceridad y todas sus consecuencias. No se puede no-odiar, no-desear, no-nada. Mantenerse en el mundo sin establecer comienzos, nudos y tal vez desenlaces, es incompatible con la vida en su sentido más biológico. Ese tipo de gente nunca respira porque lo más cómodo y entrópico es desintegrarse sin más drama.

Y tú respiras. ¿Cierto?

(Pensábamos que ya habías pasado esta etapa.

Que estabas en paz con tu yo-creador

y habías dejado de buscar LA historia

para poder escribir UNA historia

sin sentir que estabas perdiendo el tiempo.

Tal vez nos equivocábamos).

Qué vas a contar. Qué quiere hervir tus huesos para hacer sopa de gansa este invierno. Qué inflama el oxígeno mientras aún está estancado en tus bronquios. Qué amenaza con estallar tu cabeza como una olla a presión sin salida de vapor. Qué te gangrenará de dentro hacia afuera si no lo extirpas de una puñetera vez.

Todo aquello que pensabas llevarte a la tumba… es hora de hacer inventario.

¡Los comentarios son bienvenidos!