Saboteando la MIR (día 177)

<<—Llevas como un mes sin escribir.

—Tengo otras cosas en la cabeza.

—Lo sé. Llevas un mes sin escribir.

—¿Escribir sobre qué?

—Sobre las otras cosas que tienes en la cabeza.

—¿Para?

—Llevas un mes sin escribir. >>

La misma conversación telepacuática con una taza hirviendo, cada mañana. La muy perra, sabe dónde duele y solo se calla ahogada en té de marca blanca.

Con ella acaba mi rutina diaria predecible. He hecho conffetti con el horario (vamos, todos sabíamos que no duraría), desactivado el despertador (total, nunca le hago ni puñetero caso) y me dejo llevar por el caos de finitas posibilidades que me ofrece el día. Concretamente dos: levantar el culo trasero de esta misma silla delante de este mismo libro… o no. Con matices ajenos a mi persona.

Horrorizaos, ye mighty,  por mi mal hacer. Creo que si esto no me está convirtiendo en la persona organizada y centrada que me gustaría (y en el fondo me da como asquito) ser, poco lo va a hacer. Pero no nos damos por vencidos.

Estoy cansada y el mundo se EMPEÑA en ponerme de los nervios.

Mirándolo por el lado bueno, en los momentos más bajos, cuando me crea lo más autoindulgente y pueril de la tierra, siempre puedo pensar en cómo separar a dos personas adultas que se gritan los peores insultos (con una riqueza de léxico innegable, que para eso tienen estudios). Que se agarran y se escupen a la cara como las más chungas del patio en segundo de la ESO. Y se van dando un portazo, para no volver, por no sé qué porras de una ropa en la lavadora (no me enteré bien, yo estaba estudiando).

A TODO ESTO, busco compañero/a de piso. Muy luminoso, bien situado, precio económico y con inmejorable convivencia. Palabra.

¡Los comentarios son bienvenidos!