Saboteando la MIR (día 55)

saboteando la MIR 55. Payaso triste. The Sad Clown, 1993

Hay quien no soporta a los niños, a cualquier niño. Y no sin razón. (A fin de cuentas, ¿por qué ser testigo del ruidoso e irritante desarrollo de un ser humano en miniatura, cuando podrías, perfectamente, salir corriendo y dejarle el trabajo al responsable de turno? Es un derecho legítimo).

Y luego estamos los otros. “Los masoquistas”, diría alguien, y yo respondería “más o menos”. Quien hable de la infancia como un jardín de margaritas y mariposas es que no ha visto un crío enrabietado en su vida (o sí, sólo que hacer ese inciso es tan poco comercial…), pero eso no desmerece en absoluto la experiencia de sincronizar el reloj a un tiempo que ya no es el tuyo. Sin más.

El que hable de la infancia como un estanque de patitos y nenúfares es probablemente, adulto. Un adulto cínico y nostálgico, como buena parte de los adultos. Y algo desmemoriado, también. Cualquiera puede sentir ternura (estamos programados para ello, como una lavadora… o tal vez no), cualquiera puede ser condescendiente. Pero su complejidad a escala, exultante o dolorosísima, nos pilla casi siempre desprevenidos.

No “me gustan los niños”. Me gusta “tratar” con niños. Mancharme las manos, convertirme en pirata, poner caras, contar historias, quedarme a un milímetro de perder la paciencia. La vitalidad es contagiosa.

Saboteando la MIR dia 55. Payaso contento

The Reasonably Pleased Clown, 1993

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