“Ah, ¿sí? Pues más Diógenes y menos amoxicilina. ¿No?”

“Más Platón y menos Prozac”. Como respuesta predefinida para absolutamente todo. No es que me cabree especialmente, no. De hecho, yo he sido la primera de todos en tomármelo a risa. Porque es de risa: la cubertería de palo fino que todo herrero guarda con mimo para la boda de su hija. Ironía para engrasar el flagelo de penitencia. Por …