Crónicas Post-Otomanas: Estambul (1)

Llegamos nada más ponerse el sol, y los chicos del servicio del hotel ya estaban cenando en el comedor desierto. Uno se levantó a atendernos, pero no hablaba inglés y fue a buscar a otro que estaba en la puerta fumando. Ahí comenzó nuestro Ramadán empático. Más bien el mío. Empatía, empatía. Con los ojos entrecerrados aún, reptando sobre las …