Todos los viernes con apellido (Impresión)

Es el vaho blanco estridente

en volutas al cielo deshecho en plomo

que se niega a hacer alquimia vulgar con el vulgar oro.

 

Eso debe de ser

repiquetea muerte tan lejos

yo miro de reojo y de puntillas

tip y toe

entre azucenas que se empeñan en estar vivas

como una cara foránea más, al uso.

 

Un bullicio de lo más exótico.

¿Quién va? ¿quien viene?

-de nombre no sé, a lo mejor si lo veo-

pero en ese punto, allí,

toda la carne se condensa

el universo se está sublimando

el cosmos tiene dos laringes

y ninguna es la mía.

 

*

 

Lo he soñado todo

eso es.

No ha podido existir tanto y ya no existir nada.

Siete semanas oníricas donde nadie me ha llamado

para caminar sin tocar el suelo

sin llamar siquiera a la puerta.

 

Cierro los ojos y

hasta donde alcanza la vista anópsica

no ha sonado jamás una trompeta.

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